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Revista

¿Serás tú el siguiente? II

Capítulo II: "El libro misterioso"

“No me lo puedo creer, nuevamente ese niñato ha arruinado otra de mis clases, ¡es imposible trabajar con él!”, manifestaba con furia don Mariano en la sala de profesores. “Así serán el resto de tus clases hasta que consigas ganar su confianza, pero enojarte solo servirá para que logre su objetivo, como se nota que eres nuevo en este mundo…” le dejó caer la señorita Susana, una profesora que se hacía notar por su experiencia aguantando a inelegantes adolescentes.

Súbitamente, el sonido de la puerta interrumpió la conversación, seguido de una dulce y tímida voz que provocó el silencio en la sala.

- ¿Se puede? -sonó tras la puerta sin dejar ver su rostro.

- Adelante -comunicó la señorita Susana con firmeza.

- Hola, soy Ana, la madre de Óscar ¿está don Mariano?

En el fondo de la sala se escuchó una vibrante voz que le porteó hasta el profesor.

-¿Preguntaba por mí? -cuestionó el caballero.

- Solo quería pedirle disculpas por el comportamiento de mi hijo. Me encargaré de que no vuelva a suceder y tomaré medidas. Para su información, ya está castigado -comunicó la honesta madre con resentimiento.

- Se lo agradezco -dijo don Mariano ufanamente.

Ana salió de la habitación y se dirigió hacia la salida del instituto. Allí visualizó todas las orlas que estaban colgadas en la pared, lo que le hizo recordar su dura adolescencia a causa de la muerte de su padre. Aquello cambió su comportamiento y no terminó sus estudios, suceso que no quería que le ocurriera a su hijo, por lo que se estaba esforzando para ello.

Cuando llegó a casa, Óscar estaba en la ducha, y ella se asomó al dormitorio para comprobar cuál había sido su entretenimiento durante toda la tarde. Sorprendentemente, encontró un misterioso libro encima de la cama, lo abrió y se percató de que todas sus hojas estaban en blanco. Su hijo, al verla, se dirigió enfurecido hacia ella y le quitó el libro de las manos escondiéndolo bajo la cama, para seguir a continuación con su lectura. Ana no comprendía la actitud de su hijo al arrebatarle el libro, pues no había contenido alguno en él.