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Curiosidades

¡Una Navidad asombrosa!

Érase una vez… una pequeña niña llamada Melissa. Ella vivía en la ciudad, pero durante las vacaciones de verano se quedaba sola en casa de su abuela materna, Linsey.

Su abuela le contaba unas historias sobre animales, especialmente sobre tortugas, pájaros y peces; a ella le encantaba que se las contara en el porche de la casa, sentada en una mecedora de madera antigua que había allí.

Por las mañanas, Melissa y Linsey se acercaban al pueblo, ya que vivían en las afueras. Un día cualquiera, Linsey le dijo:

- ¡Cariño, vamos a pasear, que te voy a mostrar algo!...

Y se fueron a pasear.

Cuando llegaron al lugar, era maravillosamente precioso y en él se encontraba un lago llenito de peces y tortugas. En el lado derecho del lago había una orilla de arena blanca y suave, y metros más lejos había también unos árboles frutales llenos de unos pájaros muy bonitos y especiales para Linsey. Estos eran una especie poco vista en aquella época, ya que eran típicos del sur de Europa, y allí no se veían mucho, Melissa le preguntó a su abuela:

- ¿Por qué están aquí?

- Porque este bosque está encantando y en el interior del lago hay hadas que cumplen tus sueños.

- Y tu sueño, ¿cuál es?- preguntó Melissa.

- Mi sueño es hacerte feliz aquí, conmigo…

Cuando Melissa volvió a su ciudad se dirigió junto a su madre a hacer las compras de Navidad. Pasaron por un túnel naranja, el cual le recordó al color de esos  peces que vio junto con su abuela Linsey en el interior de aquel bosque encantado y, andando por la calle vio una gran señal amarilla, que le recordó a esos exóticos pájaros.

El día de Navidad (el 25 de diciembre), su abuela las visitó. Cuando estaban entregando sus regalos, Linsey le dijo a Melissa:

- Pequeña, ¡ven a coger tus regalos!

Linsey se los dio y cuando la niña abrió los paquetes vio unos animales, estos eran los que vio en ese paisaje oculto.

Por la noche, Melissa no lograba conciliar el sueño y cuando se durmió, después de estar toda la noche dando vueltas por su casa, soñó con unas pequeñas criaturas, estas eran hadas, como las del bosque.

A los pocos días de soñar, se lo contó a su abuela y le respondió:

- ¡Esas hadas son la verdadera razón del origen del bosque!

- ¿Por qué?

- Son las voces de tu corazón diciéndote que hagas lo que amas: ¡cuidar animales hermosos!

 

Tania Parras Calixto de 2º A

 

25 de diciembre

Una familia se iba de vacaciones y, entre todos, decidieron ir a un túnel que se encontraba en China.

Decían que cuando el túnel terminaba había un regalo y, a medida que se iban acercando al final, había una señal que era peligrosa, pero vieron algo extraño a lo lejos y decidieron ir.

La hija de estos dijo que podía ser algún animal que estaba atrapado, sin embargo los padres no le hicieron caso y continuaron hasta ver que era ¡un árbol de Navidad!  y debajo había muchos regalos.

Cuando se dieron cuenta de estos, los chicos, alucinados, fueron corriendo a abrirlos, aunque los padres los pararon por si era una trampa y se quedaban atrapados en el túnel para siempre.

Continuaron el túnel y se encontraron con otra señal en la que ponía que no se podía pasar, pero no era de color amarilla, sino roja, por lo que les dio más intriga por saber qué había al final de ese túnel y siguieron hacia delante.

Al pasar un rato pequeño, se dieron cuenta de que su hija pequeña no estaba, muy asustados comenzaron a gritar su nombre: ¡LIDIA!, pero no apareció. Decidieron volver a los regalos, por si ella había hecho lo mismo, pero nada; y, entonces, abrieron un regalo y ¡pluf! Desaparecieron.

Era un mundo al revés, ya que abrieron los ojos y vieron una casa muy vieja de madera. Se dirigieron hacia allí, por si estaba su hija y entraron: había muchas cosas antiguas con polvo y veían algo extraño, por lo que salieron rápidamente de allí. Y, entonces, les pareció ver a lo lejos a su hija en una mecedora acariciando una tortuga entre sus piernas. Empezaron a hablarle, y no les parecía la misma, no se acordaba de ellos.

Buscaron agua para echarle a su hija y así conseguir que se espabilara. Encontraron un río y, allí, Lidia se fijó en un pez que se estaba comiendo un pájaro. Volvieron a salir corriendo y vieron que cerca de la casa había otro regalo. Rápidamente lo abrieron y ¡pluf! Volvieron a aparecer en el túnel.

Finalmente, huyeron del túnel y se fueron a casa.

Esta es la leyenda del “túnel chino” y, desde ese momento, no han vuelto a abrirse los regalos que hay dentro de él.

Alba Ruiz Hueso de 2º A.

 

La tribu

Erase una vez un lugar muy lejano y frío, donde la nieve recubría todos los campos y puentes del pueblo. Allí vivía una tribu de monjes formada en su mayoría por niños.

Un día nevado, en el cual no se podía salir a la calle, el hombre más sabio y viejo del grupo, reunió a todos los jóvenes para contarles la historia de cómo se creó su tribu.

Fue hace muchos años cuando la tecnología no existía, los niños quedaban todas las tardes para jugar al fútbol con un balón, a las muñecas en la piscina de bolas, o a otros juegos tradicionales.

Un día de pleno invierno nevó tanto que nadie podía salir de casa y hubo un apagón de luz, lo que hizo que muchos electrodomésticos sufrieran daños. Entonces se reunieron  varios ciudadanos del pueblo y decidieron crear una “asamblea” para cuando ocurrieran estas frecuentes nevadas poder evitar daños y refugiar a todos los vagabundos y personas sin hogar.

Esta asamblea fue creciendo y ya ponían excusas para reunirse todos a menudo. Decidieron reunirse todos los domingos, pero, más adelante, fueron incluyendo los sábados, los viernes y los martes, formando una gran familia, a los que ellos consideraban su “tribu”, en la cual ya tenían su propio vestuario formado por un mono naranja y las mujeres se deberían poner de calzado unas botas negras de tacón, además del mono naranja.

Actualmente, la tribu se mantiene pero cada año va subiendo el número de miembros y, cada vez que hay una fuerte nevada se reúnen a todos los jóvenes para recordar la maravillosa historia de la “tribu”.

 

Mª Inmaculada Cruz Relaño de 2º A

Bética

Hace unos años subimos muy contentos a la Virgen de la Cabeza andando.

La Sierra era muy bonita con árboles, arbustos y animales. Todo era verde, los pájaros cantaban de manera preciosa, como si el ser humano nunca hubiese modificado el ambiente.

Es una experiencia que recomiendo.

Este año hemos vuelto a subir y no fue lo que esperaba. Subí junto a amigos y, la verdad, no se parecía al recuerdo que tenía.

Nos encontramos un árbol en la mitad de la montaña, los arbustos y las hierbas estaban completamente secas. Nos asustamos mucho cuando oímos unos tiros y mucho jaleo, nos acercamos y un cazador había matado a un lince y la mayoría de sus crías.

Al acercarme, comprobé que había una viva, así que llamamos al número de emergencias y nos dijeron que teníamos que subirlo al cerro y dárselo a la policía, así que lo envolvimos en mantas y continuamos el camino con él en brazos.

Llegamos donde empezaban a verse caravanas y gente que había acampado. Pero el típico sueño de todo bonito: convivir con los demás como una experiencia única y divertida, de repente, se transformó en suciedad, gente discutiendo, borrachos por todos lados, ¡era horrible!. 

Paramos a descansar y refrescarnos y comprobamos que "Bética" (así habíamos llamado al pequeño lince) estaba asustada y temblaba. Además, la gente comenzó a empujarse para poder verla y tocarla, ¡una locura!

Cuando conseguimos salir de allí y continuar nuestro camino, vimos algunas de las casas con más historias y secretos habían sido abandonadas o demolidas y reemplazadas por unas nuevas y con más lujos y comodidades. 

Al terminar nuestra subida al cerro, le entregamos el animal a las autoridades. Finalmente, entramos a ver a la Virgen y bajamos a nuestro sitio de acampada.

Lo que más claro me queda de ese viaje: "El mundo no es lo que no era", como dijo un amigo.

Una tarde de invierno

Una tarde estaba en casa y decidí ir a dar un paseo. Por ello, me abrigué bien.

Cuando llegué a un parque me encontré con mis mejores amigas: Yolanda y Patricia. Les pregunté si querían ir a dar un paseo conmigo y me contestaron que sí.

Así que fuimos al paseo para comprarnos gominolas y a hablar de nuestras cosas. Después, fuimos a ver un puente que habían construido y, desde el mes pasado queríamos ir a verlo, pero no habíamos podido hacerlo. Cuando empezamos a pasar por el puente, nos comenzó a nevar. Tuvimos que irnos porque cada vez nevaba más y más. Al llegar a casa, estábamos congeladas.

Al día siguiente, llamé a mis amigas, por si querían ir a algún otro lado. Como tenían muchos deberes me dijeron que no. Salí con mi perro y vi como todavía quedaban partes de nieve. Volví a casa, me cambié de ropa, cené y vi un poco la televisión, porque echaban mi película favorita de detectives.

Cuando me levanté, vi desde mi ventana que estaba nevando, así que me vestí deprisa y salí a la puerta para verla más de cerca y poder tocarla.

A media mañana, salí con mi perro, pero se me escapó y se fue corriendo al parque, que estaba junto al puente. Al ver el puente, me acordé del día que fui con mis amigas, Yolanda y Patricia, y nos nevó allí. Por ello, me quedé ensimismada con ese paisaje nevado tan bonito.

Por Mireia Valenzuela Quero de 1º B

Batman

Una vez en Gatam, los Wayne paseaban después de salir del cine, cuando un ladrón los asesinó dejando vivo solo al hijo.

Desde entonces, Brus (el único Wayne vivo) se convirtió en Batman, un superhéroe que trabajaba de noche y se gastaba el dinero durante el día en tabaco,  que le fastidió tanto los pulmones que murió por ello.

Vicente Porras Pérez de 1º B

Un día duro para Margarita

Una tarde, estuvimos mi hermana y yo en el jardín, bañándonos en la piscina.

De repente, escuchamos un ruido muy fuerte, salimos corriendo de la piscina para ver de dónde provenía ese ruido.

Primero, fuimos a ver si le había pasado algo a mamá. Después, fuimos a mirar si el ruido venía de la fuente, donde debía de encontrarse Margarita y, cuando llegamos… ¡no estaba! Empezamos a buscarla y la encontramos en el macetero de una planta, la sacamos de ella y debajo había cinco huevos ¡Estaba embarazada y había dado a luz!

Fuimos corriendo a decírselo a mamá y nos dijo que pusiésemos a Margarita y a sus huevos en una toalla.

Trascurrieron dos semanas y ¡nacieron las tortuguitas!  y las llamamos: Rosa, Clementina, Pepa, Tula y Lolo.

Margarita está muy contenta con sus cinco tortuguitas y su compañía.

Alba Partera García y Pilar Valenzuela Peinado de 1º B

 

El árbol de las canastas

Hace mucho tiempo a los niños no nos lo dejaban jugar al baloncesto y siempre estaban aburridos.

Un día salieron a dar un paseo por las afueras del pueblo, pero se perdieron por el bosque, el cual nunca habían visto. Cuando consiguieron salir de allí, vieron un árbol que en lugar de hojas tenía canastas de baloncesto.

Se quedaron muy sorprendidos, pero rápidamente fueron a sus casas y cogieron sus pelotas, sin ser vistos por nadie, y volvieron a ese árbol, donde se divirtieron mucho y disfrutaron todos juntos.

Mientras tanto, los mayores estuvieron buscándolos y cuando los encontraron allí se pusieron muy contentos, puesto que recordaron su infancia y su adolescencia en aquel lugar, donde habían disfrutado muchos buenos  momentos.

De esta forma, conseguimos no aburrirnos más y, además, los mayores iban con nosotros y disfrutábamos el doble.

Román Valenzuela Gómez de 1º B